Transformar la impotencia en poder colectivo

Transformar la impotencia en poder colectivo
foto: Infolibre
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Reproduïm pel seu interès l'article de JORDI CUIXART publicat aquests dies originalment a la revista Viento Sur.

“El món, te’l fas sempre a la mesura dels teus desitjos” (Teresa Pàmies)

Dice el artículo 56 de la Constitución Española que "el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia". Y desde la muerte en la cama del dictador, los representantes del régimen del 78 han demostrado obedecer a la consigna de “lo que haga falta” para garantizar esa unidad, saltándose justicia, verdad o moral, Derechos Humanos, si es necesario. Durante la peor emergencia sanitaria en cien años, el último escándalo de corrupción borbónica es sólo punta de iceberg. Y lo sorprendente es que ya no sorprenda.

En el reino de España quien más se empeña en acabar con la monarquía es la misma casa real. De Arabia Saudí a Botswana, en plena ola de recortes, pasando por Madrid y la prohibición de banderas el día de la coronación, y llegando a Cataluña para alentar la represión. El aval monárquico a la brutalidad policial de octubre de 2017 se convirtió en espejo de “lo que haga falta”.

Cuando 100 millones de euros opacos no son suficientes para una investigación parlamentaria, pero 2 millones de votos en referéndum dan para cien años de cárcel y un juicio en un Tribunal para aforados que cobije a la extrema derecha, son sus propios poderes quienes atacan al Estado. En nombre de la unidad de España se restringen libertades, se encarcelan políticos y activistas, se exilian artistas, se persigue la disidencia y se hace saltar por los aires la división de poderes. Cada día que pasa sin que la inviolabilidad la tengan los derechos fundamentales, la legitimidad de las instituciones es un poco más débil.

Porque se trata de los mismos poderes que menosprecian las Naciones Unidas cuando piden la liberación de los presos políticos catalanes como exigen también Amnistía Internacional o Front Line Defenders. Que amenazan a funcionarios para que no cumplan la petición de la Alta Comisionada por los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que tantos presos políticos y sociales como sea posible pasen el confinamiento fuera de las cárceles.

Ante las demandas de sus ciudadanos, el Estado español ha evitado actuar como una democracia homologable internacionalmente. Por eso la lucha por la autodeterminación de los pueblos se convierte en una preciosa herramienta de radicalidad democrática y empoderamiento colectivo. Para acabar con un régimen heredero del franquismo y apuntalado por la corrupción y construir un futuro más digno para todo el mundo.

En Òmnium Cultural la represión ha fortalecido nuestros valores fundacionales. Junto a más de 180.000 socios seguiremos compartiendo la cultura y la lucha por los derechos humanos para fortalecer la cohesión. También para salir de esta crisis sanitaria y social. Esperanza y sentido crítico frente al autoritarismo y los privilegios reales.

No es casual que fuera un periódico inglés quien sacara a la luz los fondos opacos del rey emérito que su sucesor conocía. Pero nada evita que la monarquía sea la institución peor valorada en Cataluña (y no sabemos hasta qué punto también para el conjunto del Estado, porque el Centro de Investigaciones Sociológicas no considera relevante preguntarlo, quizás por temor a la respuesta).

“Todos los españoles pueden sentirse protegidos” dijo Felipe VI con el estado de alarma en vigor, apelando a un sistema público saturado. Hasta su padre llegó más lejos con sus disculpas grotescas. Lo que verdaderamente está protegido es la impunidad monárquica, pero los balcones retumbaron más que sus palabras y la gente, también confinada, es consciente de su poder. La impotencia de ver como un sistema de origen medieval se enriquece a costa de la población puede ser motor de transformación, semilla de esperanza.

“La realidad nos pone a prueba”, siguió en su discurso. Resultaba difícil convencerse que sólo estaba pensando en el COVID 19. “Con el tiempo España recuperará su pulso, su dignidad, su fuerza”, concluía. Y estamos convencidos que por lo que se refiere a la crisis sanitaria, social, económica, hasta democrática, así será; siempre que los soldados del Capitán General de los Ejércitos dejen paso a médicos, científicos y personal de servicios. Y siempre que la solidaridad y la lucha noviolenta de la sociedad civil organizada siga impidiendo que la monarquía aproveche el sufrimiento de las gentes para afianzar su perpetuidad.

Jordi Cuixart, Presidente de Òmnium Cultural

Cárcel de Lledoners, abril de 2020

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